De un proyecto a un club de referencia
Cuando comenzó el proyecto Zagros, Arroyo de la Vega era una zona todavía por desarrollar. Donde hoy encontramos viviendas, empresas, comercios, zonas verdes y una intensa actividad, a mediados de los años noventa el paisaje era completamente diferente.
«Cuando llegamos, no había nada. Solo barro.»
No es únicamente una forma de hablar. Las fotografías de aquellos años muestran un entorno prácticamente vacío, en pleno proceso de urbanización.
Arroyo de la Vega formaba parte de uno de los grandes proyectos de transformación de Alcobendas. Su desarrollo estaba llamado a conectar el núcleo urbano de la ciudad con La Moraleja y El Soto, integrando nuevos espacios residenciales, empresariales, equipamientos y zonas verdes.
Una apuesta cuando todo estaba por hacer
La historia de Zagros comenzó en ese mismo momento de transformación.
En 1995 cuando la sociedad se constituyó, comenzó a a buscar ubicación. El espacio inicialmente prevista era otro (fue donde posteriormente se desarrollaría Esfera). Sin embargo, a petición del Ayuntamiento de Alcobendas, Zagros aceptó trasladar su proyecto al Arroyo de la Vega y apostar por una zona que apenas comenzaba a tomar forma.
En 1998, después de años de proyecto, trabajo e inversión, Zagros La Moraleja abrió sus puertas.
De un terreno vacío a un lugar lleno de vida
Zagros se convirtió así en uno de los proyectos pioneros de un Arroyo de la Vega que estaba empezando a crecer.
Con el paso de los años, el club y su entorno evolucionaron juntos. Llegaron nuevas viviendas, oficinas, empresas, servicios, comercios, zonas verdes y mejores comunicaciones. La planificación urbana acabaría consolidando Arroyo de la Vega como un ámbito con una importante presencia residencial y terciaria dentro de Alcobendas.
Al mismo tiempo, Zagros crecía hasta alcanzar 2.000 socios y alrededor de 70 profesionales en su etapa de mayor dimensión. Cada día, cientos de personas acudían al Arroyo de la Vega para entrenar, cuidarse, trabajar, relacionarse o simplemente compartir parte de su tiempo.
El club se convirtió así en un punto de encuentro para socios, familias y profesionales, aportando actividad a una zona que durante aquellos mismos años estaba construyendo su propia identidad.
28 años formando parte de Arroyo de la Vega
Las fotografías permiten comprender mejor que cualquier descripción la magnitud de aquel cambio.
Donde antes había un terreno vacío, terminó existiendo un club lleno de actividad. Y donde apenas había desarrollo urbano, terminó creciendo una de las zonas residenciales y empresariales más reconocibles de Alcobendas.
